lunes, 4 de abril de 2016

5 de abril: Mi nombre es "Emilia"


Resuena el eco de mi nombre entre las ramas del árbol familiar... Movidas por la sempiterna brisa del tiempo, que mueve las hojas desde siempre y para siempre, las tres vocales y sus dos ayudantes consonánticas cimbrean (me gusta mucho este verbo, que mueve las cosas con tempo lento y elegancia) los ramajes de mi genealogía.

Mi tatarabuela así se llamaba. Y la madre de mi madre lució también el nombre de Emilia. Hasta hace poco no me parecía muy sofisticado ni moderno, pero buceando en él y en su musiquilla interna...

La E, de mediana abertura, pero vocal intensa, como un atardecer que parte el cielo en dos, hasta rozar las cumbres de mi M, rotunda, con labios cerrados, quizá, incluso, severa. Suaviza mi nombre la delicada I, de puntillas, como quien no quiere la cosa, porque es traviesa y se enlaza con la caballerosa L, que es genuina y rompecorazones y conforme acaba su baile con la I de la izquierda ofrece el siguiente a la coqueta de la derecha, la gemela de la primera, ahora ofendida y celosilla. Con grandeza vocal y para que las primorosas "íes" y aspirantes a bailarinas no duden de su fuerza, cierra el nombre la A, que pone punto y final a la fiesta...

Y hoy 5 de abril se celebra la onomástica de "las Emilias"... Cuenta mi madre que mi abuela, a la que no conocí, siempre se sintió orgullosa de su nombre, aunque se sentía muy frustrada porque, en el santoral, le quitaba siempre protagonismo San Vicente Ferrer. El suyo no aparecía en aquellos pequeños almanaques domésticos, donde sólo había cabida para un santo y, quién sabe si por cuestión machista, éste siempre era varón ;)

Mucho se indignaría mi abuela Emilia si supiera que hoy, con internet a golpe de huella dactilar, si buscas el santo del día 5 de abril sigue sin aparecer nuestro sonoro emblema familiar... 

Aquella Emilia, siendo niña, encontró la manera de hacer saber a todos que debían felicitarla por su santo (en las tierras levantinas, y creo que en casi todo el Mediterráneo, se festejan los santos casi tanto, o incluso más, que los cumpleaños): mi abuela salía a la calle, al portal, y sin vergüenza ni reparo iba informando al que pasaba por la calle: "Mire usted, buenos días, sabe que hoy es mi santo...?". Con una sonrisa esperaría de vuelta un "felicidades" y quién sabe si algún caramelo. ¿No es maravilloso y un genial atrevimiento?

Al parecer, poco antes de morir, cuando su hija mayor le dijo que pondría el nombre de Emilia a la primera niña que tuviera, ella sintió cierto rubor e intentó disuadirla de ello: "¿Mi nombre vas a poner a la pobre criatura?". No le dio la vida ocasión de asistir a aquel nacimiento ni de confirmar que efectivamente se perpetuaban en la nieta sus tres vocales y sus dos consonantes. Bueno, "nieta" no, "nietas", porque mi prima también se llama Emilia. Como recuerdo de la abuela que no pudimos conocer nos ha quedado su nombre, largo y de resonancia grave.

Siempre he escuchado a mi madre hablar de las extraordinarias cualidades de mi abuela Emilia: bondad, agrado, simpatía... Todos la querían, quizá también por su sentido del humor especial y su risa contagiosa.

Si tuviera que construir su imagen a través de lo que los demás me han contado de ella, vería cómo se me acerca, con movimiento estiloso y dulce ademán, una mujer de las que deja una huella imborrable, en quienes la conocieron e, incluso, en quienes no pudimos, pero llevamos su nombre.

Así que no me queda otra, por orgullo familiar y compromiso genealógico, que salir a la puerta (esta puerta virtual desde la que sé que me escucharán los paseantes) y gritar al viento" oiga usted, ¿sabe que hoy es mi santo?". Igual me llega alguna felicitación, una carilla sonriente o, en el colmo de la suerte, otro caramelillo. 

De momento no puedo hacer más por el renombre de mi nombre, pues no tengo yo hijas a las que pasar el testigo... Quién sabe si alguno de mi progenie decide perpetuar a Santa Emilia... (Son tres... A ver si hay suerte ;)

Aquí queda mi pequeño homenaje a mi abuela Emilia y a las "Emilias" del mundo, que también tenemos un día en el santoral. Además, ha habido muchas en la historia... Emilia, Emily, Émile resuenan a los cuatro vientos...