sábado, 3 de junio de 2017

"Doll Face". La historia de Eva, mi muñeca rota



Yo conocí también una de estas muñecas, articulada y manipulable. Entonces se llamaba Eva y no encontraba espejo donde mirarse. Y el no hallar reflejo devuelto por un cristal era lo que le ocasionaba aquel malestar general, la sombra en la mirada, el gris en la piel y el negro vacío en la mirada. Se sentía sola y perdida, confundida... Andaba engañada, creyendo que ella no tenía identidad ni sonrisa solo porque no encontraba imagen en la que reconocerse. Y más le habría valido no haberla encontrado nunca, pues la ventana que para ella se abrió no vino a mostrarle precisamente el lado amable de la realidad.

Primero se sintió feliz y quiso lucir como aquella otra chica, la que le sonreía desde el otro lado del cristal. Parecía lustrosa, segura de sí misma, feliz y libre. Eva quiso imitarla, vestir como ella, maquillarse como ella, imitar sus gestos y poses. Su madre y sus amigas se lo advertían, "esas chicas no son de verdad, hija; sus cuerpos son imposibles, los movimientos mecánicos e irreales. No te dejes engañar. Tú ya eres hermosa por ser tú. No te castigues por ser una muñeca más o terminarás siendo una muñeca rota".

Todos corremos el peligro emocional de pretender ser quienes no somos, sobre todo cuando uno todavía es aspirante a adulto. Todos en algún momento nos hemos sentido hipnotizados por los millones de imágenes con los que se nos bombardea en esta era de la comunicación y el consumo voraces...

¿Y qué es de nuestros niños y adolescentes? Están atrapados en millones de pantallas por todo el mundo, secuestrados por estereotipos tiranos que les imponen moda, lenguaje y hasta una actitud vital...

La Eva de mi historia terminó recogiendo los trozos de sí misma, de su muñeca, y anda por este mundo buscando restaurador para su cuerpo y para su alma.