miércoles, 21 de junio de 2017

Queridos graduados, el futuro es vuestro...

 21 de junio de 2017
Queridos alumnos:
Muchas veces me habéis preguntado cómo era yo a vuestra edad. Pues, dejadme que os cuente… Un recuerdo regresa. Barcelona y Sevilla fueron las ciudades protagonistas de aquel año 1992, en que yo tenía vuestra misma edad; y lo fueron porque, como os habrán contado, España fue sede de los Juegos Olímpicos y de la Exposición Universal. Con quince años, yo pertenecía, sin ser consciente de ello, a una generación que representaba los anhelos de modernidad de nuestro país. A los ojos de nuestros padres y abuelos, nosotros, los que nacimos después de la dictadura, simbolizábamos el cambio en todos los sentidos. En esos “dorados años 90”, los quinceañeros apenas nos diferenciábamos de vosotros, creedme. Bueno, salvo por unas cuestiones de estética y técnica, porque nuestro “look” era más convencional y porque, hace veinticinco años, ni soñábamos con teléfonos móviles ni con la posibilidad de “navegar” por el ciberespacio (si pudiera viajar en el tiempo y contarme a mí misma algo sobre Internet, me tacharía de majadera, seguro).

Éramos modernos por estudiar en centros públicos mixtos, por tener cada vez mayor acceso a la universidad, viajar (los más afortunados) a estudiar inglés al extranjero, ir a campamentos de verano… y ¡tener un reproductor de CD en casa! Todo un lujo para muchos, no creáis. Ahora, en pleno 2017, todo eso se da por sentado; cada día que pasa se moderniza el día anterior. Vivimos en “digital”, en una versión 2.0 que además de enredarnos en lo social nos lanza al vacío virtual. Yo crecí en analógico, cuando la game boy y loswalky-talkies profetizaban los tiempos modernos que estaban por llegar.
Lo que quería contaros sobre aquel año 92 era que yo estudiaba el equivalente a vuestro 4º de la ESO (equivalente sólo en edad, porque a mí me quedaba aún un año para completar la etapa de estudios de Bachiller). No era precisamente una alumna ejemplar y no sabía muy bien por qué caminos quería que transitara mi vida. Tampoco me preocupaba. Me sentía rebelde y adolescente, aun sin whatsapp ni Instagram ni Facebook. Las cosas se vivían más cara a cara; ¡madre mía, si hubiera tenido un móvil con conexión a internet por aquel entonces…! Todo habría sido, si cabe, más divertido. La perdición para muchos.
Ojalá hubiera tenido la suerte de ser entonces un poco como vosotros: ser jóvenes, con los cinco sentidos bien atentos, siempre dispuestos a escuchar, con las mentes puestas no sólo en el presente, sino también en el futuro, con toda la información en un click… Sí que es verdad que hay aspectos de los jóvenes de ahora que han hecho que algunos os etiqueten como la “generación malcriada y materialista”, acostumbrada a poseer y poseer, sin apenas esfuerzo o sin ninguno. Dicen algunos que sois los hijos de aquellos jóvenes “post-dictadura”, que quisieron educar al revés que fueron educados, sin restricciones, desde el “colegueo”, dando a sus hijos todo cuanto demandaran. Los estudiosos en esto de la educación creen que a ESTOS PADRES se les terminó metiendo en casa el enemigo y terminaron por crear pequeños “monstruos” caprichosos y sin valores; suele justificarse con este argumento la pérdida de respeto que se ha impuesto hoy frente a la autoridad paterna o al maestro.
A los de nuestra generación, la primera que vivía en democracia el despertar económico y social de España, se nos dijo que para triunfar y ser alguien de provecho debíamos saber mucho de ordenadores, hablar inglés e ir a la Universidad. En 2017 ya se ha alcanzado el hito: tenemos unos jóvenes adolescentes bilingües (y más), convertidos en la primera generación con la competencia digital de serie. ¿Qué “future challenge” se plantea para vosotros? Pues, mirad, creo que el gran reto que se os avecina, ahora que tenéis todos los canales de comunicación abiertos y a vuestra disposición, es llenaros de contenido, de ideas y palabras con las que expresaros e intentar hacerlo juiciosamente; es decir, el reto es que con el esfuerzo de vuestros padres, con el nuestro como profes y con vuestra inteligencia, consigamos que aflore en estas cabecitas un criterio propio, una manera de mirar y valorar el mundo, para que nadie pueda engañaros con los estereotipos publicitarios ni las tiranías consumistas, para que podáis elegir vuestra ideología, estética y ética, sin imposiciones ni intereses particulares. No es fácil; pero tampoco imposible. Si lo conseguimos, habremos reclutado para nuestra sociedad individuos auténticos, independientes, con valores, sin trampa ni cartón. Y creo que precisamente eso es lo que le hace falta a nuestro mundo. Personas sensibles y concienciadas que entiendan que el bienestar de uno depende del bienestar de todos; que antes del yo está el nosotros; que el egoísmo y el materialismo voraz no nos hará prosperar como especie.


A pesar de vuestras muchas cualidades, no sois perfectos (nadie lo es), pero dais sentido al trabajo que se hace en vuestro instituto, donde, no vamos a negarlo, a veces las cosas no son siempre fáciles de sobrellevar. Nos acecha el desaliento y el cansancio, sobre todo frente a quienes se empeñan en taparse los oídos e ignorarnos. No es muy gratificante sentir que se predica en el desierto. Y, sí es verdad, algún que otro chaval caprichoso y consentido encontramos al otro lado. No pasa nada; no nos rasguemos las vestiduras, sólo es consecuencia del contexto que le ha visto crecer.

Decía al principio que en 1992 yo no sabía qué quería ser de mayor ni imaginaba que cinco años después, en 1997, estaría matriculándome en Filología Hispánica. No me guiaba todavía el deseo de ser profesora, como les sucedía a otros compañeros de promoción, pero ya había descubierto qué era lo que me hacía sentir bien y me motivada: el estudio de nuestra lengua española.




Quién me iba a decir que sólo dos años después estarían viniendo al mundo ¡los bebés que se convertirían después en mis alumnos. ¡Qué vértigo da ver que lo que para mí es un breve intermedio en el transcurso del tiempo para vosotros es toda una vida!! Desde que inicié mis estudios universitarios hasta ahora, han transcurrido los momentos más importantes de mi vida, en el ámbito académico, profesional y personal. En este tiempo, vosotros os habéis convertido en lo que sois, unos jóvenes excepcionales con un hermoso libro en blanco por escribir. En algo habrán contribuido vuestros padres; estad seguros de ello. Dejad que os sigan indicando el camino correcto durante algunos años más; el vuelo en solitario os tocará levantarlo cuando ya hayáis descubierto vuestro rumbo y sepáis qué cielos y sueños queréis perseguir con vuestras alas…



El mensaje final es en realidad un principio: seguid siendo así, creed en vosotros mismos, y trabajad mucho, porque, de verdad, algo que sí he aprendido es que los triunfos en la vida no son gratuitos. Sólo quien se esfuerza llega a la meta. Y durante la carrera no olvidéis uno de los lemas que nos ha acompañado estos años en Literatura: Carpe diem; tempus fugit (“Aprovecha el momento; el tiempo se escapa”). Si os caéis, levantaos; pero no os quedéis por el camino.



Como profesora, he sido muy afortunada por haber podido compartir este año con muchos de vosotros; por haberos tenido como alumnos. Si tenía alguna duda acerca de esto de ser “maestra”, de momento, la habéis disipado. Después de haberos conocido, quiero seguir siendo lo que soy ahora, aprendiz de profesora. Gracias por haber desmentido las leyendas urbanas que circulan acerca de los adolescentes. Sé que “hay perversos adolescentes” sueltos por el mundo, pero ahora también sé que quiero seguir en este barco para intentar cambiar la dirección de su vuelo.
Por último, sólo me queda recordaros que siempre llevéis en vuestra “mochila del viaje de la vida” una buena dosis de buen humor, otra de tesón y energía y reservas suficientes de constancia para el largo camino. ¡Buen viaje!